domingo, 27 de febrero de 2011

La lechera

Ya hace mucho tiempo que en una granja de vacas, había un niña que vivía con su familia.
Cada día, una vez habían ordeñado las vacas, ella se encargaba de ir a vender la leche a la ciudad, ella solita.
Camino de la ciudad, la lechera pensaba y pensaba y se decía en voz alta:
-Venderé la leche y con el dinero que me darán compraré...
-Comprarçe una gallina que ponga muchos huevos. Así tendré pollito -se decía contenta.
-Los pollitos crecerán, los venderé, y con el dinero compraré un cerdito.
Y la lechera continuaba el camino, sueña que soñarás en todo lo que ganaría con la leche.
-Cuando el cerdito esté bien gordo, lo venderé y compraré un ternero -pensaba.
Y estaba tan ilusionada que se imaginaba con su ternero saltando; y hasta ella daba saltitos.
Y, en uno de esos saltos, cuando ya estaba casi en la ciudad, se tropezó y...
PATAPLAF!, toda la leche se derramó por el suelo. En un cerrar y abrir de ojos, adiós ternero, adiós cerdito, adiós pollitos, adiós gallina y, al final adiós leche!




FIN

miércoles, 23 de febrero de 2011

La Caperucita Roja

Habia una vez una niña a la cual todo el mundo le llamaba Caperucita porque llevaba una capucha de color rojo.
Un dia, su madre le dijo que fuése a llevarle miel a su abuela, que estaba muy enferma en la cama.
Por el camino se encontró al lobo, que le dijo con voz melosa:
-¿Dónde vas, Caperucita, con ésta cesta?
-Voy a ver a mi abuela. No me entretengas, que tengo bastante prisa -contestó la niña.
-Anda por este camino , que es más corto y llegarás antes -le engañó el lobo.
El lobo cogió un atajo y fue corriendo en casa de la abuela, la cerró en un armario y se metió en la cama a esperar a Caperucita.
Cuando llegó Caperucita, se encontró a la abuela que estaba muy cambiada.
-Es porque estoy enferma, cariño -le dijo el lobo haciendo la voz de abuela.
-¿Porqué tienes las orejas tan grandes, abuela? -le dijo.
-Son para oírte mejor -contestó el lobo.
-¿Y porqué tienes los ojos tan grandes? -insistió la niña.
-Son para verte mejor -dijo el lobo acercándose a la Caperucita.
¿Y porqué tienes la boca tan grande -dijo Caperucita con un poco de miedo.
-Es para comerte mejor!! -gritó el lobo lanzándose encima.
Y en ese momento unos cazadores que pasaban por allí, al oir los gritos, entraron en la casa y echaron fuera al lobo y sacarona a la abuela del armario.




FIN

lunes, 21 de febrero de 2011

El príncipe rana

Había una vez una princesa que le gustaba jugar con su pelota de oro.
Cuando hacía calor le gustaba sentarse junto al viejo pozo del bosque y lanzar la pelota al aire.
Un día, la pelota, se le resbaló de los dedos y cayó al pozo. Era muy hondo, y la princesa no podía ver el fondo.
-¡Oh qué tristeza! ¡Nunca la podré sacar! Y empezó a llorar..
De repente, oyó una voz que le decía:
-¿Qué sucede, Princesa?
Ella se giró en dirección a la voz y vio una ranita que asomaba la cabeza fuera del agua.
-Ah, sólo eres una rana-dijo-. Pero ya que me preguntas estoy triste porque mi pelota d eoro cayó al pozo
-Yo podría sacarla-dijo la rana-. ¿Pero que me darías a cambio?
-Lo que desees. ¿Quieres mi perlas... o talvez prefieres mi corona d eoro?
La rana le contestó:
-¿Qué hariía yo con una corona? Sacaré la pelota si me prometes que serás mi amiga, que me invitarás a cenar y que podré dormir en tu casa.
-De acuerdo- respondió la princesa pensando que la rana sólo hablaba de tonterías.
La rana se sumergió hasta lo más hondo del pozo y pronto regresó con la pelota de oro en la boca.
En cuanto dejó la pelota, ene el suelo, a los pies de la princesa, ella la tomó y salió corriendo de regreso al castillo, sin siquiera darle las gracias.
-¡Espera, no puedo ir tan rápido! -gritó la rana. Pero, la princesa no le hizo caso.
La princesa había olvidado todo lo relacionado con la rana, cuando un día mientras cenaba, oyó que alguien subía por las escaleras de mármol del castillo haciendo plish-plash.
Luego oyó una voz que gritaba:
-¡Princesa, ¡ábreme la puerta !
La princesa, curiosa, fue a abrirla, pero cuando vio a  la rana cerró la puerta de un golpe.
El rey se dio cuenta que algo extraño sucedía y preguntó:
-¿Vino a buscarte un ogro?
-Oh no, papá. Sólo es una rana -le contestó.
-Y¿Y que tiene que ver contigo? -preguntó el rey.
L aprincesa estaba explicando a su padre lo que había sucedido en el pozo, cuando oyeron tocar otra vez a la puerta.
-Princesa, ¡déjame entrar! -rogaba la rana-. ¿Ya se te olvidó lo que me prometiste?
-Si prometiste algo, hija, debes cumplir tu plaabra.
Deja pasar a la rana -ordenó el rey.
La princesa, muy a disgusto, abrió la puerta. La rana entró. La siguió a la mesa y le dijo:
-Levántame y colócame junto a ti.
-No seas ridícula -contestó la princesa.
Pero su padre la miró con sveridad, y ella tuvo que obedecer.
Como la silla no era suficientemente alta, la rana le pidió que la pusiera sobre la mesa. Una vez allí, dijo a la princesa:
-Acércame tu plato de oro para que pueda compartir tu cena.
La princesa le arrimó su plato para que comiera. Ella, por supuesto, no pudo seguir disfrutando de su cena.
Una vez que la rana acabó de comer, dijo:
-Estoy cansada. Llévame a dormir a tu habitación.
La sola idea de compartir su cuarto con una rana le molestó tanto que rompió a llorar. Pero el rey le dijo:
-No puedes comportarte así con alguien que te ayudó cuando tenías problemas.
Con desagrado, la princesa levantó la rana con la punta de los dedos y se fue a su cuarto. Al llegar, la colocó en el lugar más alejado posible de su cama.
Pero muy pronto oyó que la rana se acercaba a ella y le decía:
-Estoy muy cansada, quisiera dormir en la cama. Súbeme o se lo contaré a tu padre.
Así que la princesa aceptó y la acomodó sobre una mullida almohada.
Pero al acostarse de nuevo, oyó que la rana lloraba en silencio.
-Y ahora, ¿qué te pasa? -le preguntó.
-Todo lo que yo quería era tener una amiga -conestó la rana-.Pero veo que eso no será posible. Así que regresaré al pozo.
Al oír esto, la princesa se sintió muy conmovida.
Se sentó en la orilla de la cama y con toda sinceridad le dijo:
-De acuerdo, seré tu amiga-. Tomó a la rana en su mano y la besó tiernamente.
En ese instante la rana se transformó en un apuesto príncipe. La princesa lo miraba muda de asombro.
Como era de esperarse, el príncipe y la princesa se convirtierion en muy buenos amiogos.
Y unos años más tarde se casaron y vivieron felices para SIEMPRE.


FIN


con especial dedicación.. 13!

miércoles, 16 de febrero de 2011

Las siete cabritillas

Havia una vez siete cabritillas que vivian felices en una casa apartada en medio del campo. Vivían con su madre.
Un dia la madre tuvo que salir a busar comidaya que se habían quedado sin y les dijo: - No abráis la puerta a nadie si no os enseña la patita porque puede haceros daño.
Y cuando la madre ya se había ido, el lobo llamó a la puerta: <<Pom, pom, pom! >>.
- Enseñanos la patita - pidieron las cabritillas obedeciendo a su mare.
Y el lobo enseñó una pata negra y peluda.
- No te abriremos la puerta, que eres el lobo! -gritaron muertas de miedo las cabritillas.
Entonces el lobo, muy astuto, cogió harina y se manchó todas las patas así que le quedaron de color blanco. Y entonces volvió a llamar a la puerta.
Las cabritillas le volvieron a pedir que enseñara la pata y entonces al ver una pata blanca se pensaron que era su madre y abrieron la puerta.
Y el lobo, en un abrir y cerrar de ojos, se las tagó todas de una en una. Menos a la pequeña que, con mucha rapideza, se escondió dentro del reloj.
Cuando la madre llegó y vió toda la casa destrozada y que las cabritillas no estaban se asustó mucho. Pero la cabrita pequeña salió dle reloj y se lo contó a su madre. Cuando la madre lo supo, fue a enocontrar al lobo, que dormia bien lleno cerca del río.
Se acercó poco a poco y le abrió la barriga y la cambió las cabritillas por piedras muy grandes.
Cuando el lobo se despertó, tenía mucha sed i quiso beber agua en el río. Y cuando se inclinó para beber agua, las piedras le pesaron tanto que cayó dentro de ella y todas las cabritillas quedaron sanas y salvas.

FIN



lunes, 14 de febrero de 2011

The three little pigs

Once upon a time there was a mother pig who had three little pigs.
The three little pigs grew so big that their mother said to them, "You are too big to live here any longer. You must go and build houses for yourselves. But take care that the wolf does not catch you."
The three little pigs set off. "We will take care that the wolf does not catch us," they said.
Soon they met a man who was carrying some straw. "Please will you give me some straw?" asked the first little pig. "I want to build a house for myself."
"Yes," said the man and he gave the first little pig some straw.

Then the first little pig built himself a house of straw. He was very pleased with his house. He said, "Now the wolf won't catch me and eat me."

"I shall build a stronger house than yours," said the second little pig.
"I shall build a stronger house than yours, too," said the third little pig.

The second little pig and the third little pig went on along the road. Soon they met a man who was carrying some sticks.

"Please will you give me some sticks ?" asked the second little pig. "I want to build a house for myself."
"Yes," said the man and he gave the second little pig some sticks.

Then the second little pig built himself a house of sticks. It was stronger than the house of straw.

The second little pig was very pleased with his house. He said, "Now the wolf won't catch me and eat me."
"I shall build a stronger house than yours," said the third little pig.

The third little pig walked on, along the road, by himself. Soon he met a man carrying some bricks.

"Please will you give me some bricks?" asked the third little pig. "I want to build a house for myself."
"Yes," said the man and he gave the third little pig some bricks.

Then the third little pig built himself a house of bricks.

It took him a long time to build it, for it was a very strong house.
The third little pig was very pleased with his house. He said, "Now the wolf won't catch me and eat me."

The next day the wolf came along the road. He came to the house of straw which the first little pig had built.

When the first little pig saw the wolf coming, he ran inside his house and shut the door.
The wolf knocked on the door and said, "Little pig, little pig, let me come in."

"No, no," said the little pig. "By the hair of my chinny chin chin, I will not let you come in."

"Then I'll huff and I'll puff and I'll blow your house in," said the wolf.
So he huffed and he puffed and he huffed and he puffed. The house of straw fell down and the wolf ate up the first little pig.

The next day the wolf walked further along the road. He came to the house of sticks which the second little pig had built.

When the second little pig saw the wolf coming, he ran inside his house and shut the door.
"No, no," said the little pig. "By the hair of my chinny chin chin, I will not let you come in."
"Then I'll huff and I'll puff and I'll blow your house in," said the wolf.

So he huffed and he puffed and he huffed and he puffed. The next day the wolf walked further along the road. He came to the house of bricks which the third little pig had built.

When the third little pig saw the wolf coming, he ran inside his house and shut the door.
The wolf knocked on the door and said, "Little pig, little pig, let me come in."

"No, no," said the little pig. "By the hair of my chinny chin chin, I will not let you come in."

"Then I'll huff and I'll puff and I'll blow your house in," said the wolf.
So he huffed and he puffed and he huffed and he puffed. But the house of bricks did not fall down.
The wolf was very angry, but he pretended not to be. He thought, "This is a clever little pig. If I want to catch him I must pretend to be his friend."
So the wolf said, "Little pig, if you will be ready at six o'clock in the morning, I will take you to Farmer Smith's field. We shall find some nice turnips for dinner."

"Very well," said the little pig. But the third little pig was a clever little pig. He knew that the wolf just wanted to eat him.

So the next morning the third little pig set off for Farmer Smith's field at five o'clock. He filled his basket with turnips. Then he hurried home before it was six o'clock.

At six o'clock the wolf knocked on the little pig's door. "Are you ready, little pig ?" he said.

"Oh! I have been to Farmer Smith's field," said the little pig. "I filled my basket with turnips and they are now cooking for my dinner."
The wolf was very angry, but he pretended not to be.

Then the wolf said, "If you will be ready at five o'clock in the morning, I will take you to Farmer Brown's apple tree. We will pick some red apples."

"Very well," said the little pig.
Next morning, the little pig set off at four o'clock. He found the apple tree. He was up in the tree, picking apples, when the wolf came along.

The little pig was very frightened, but he pretended not to be. He said, "These are fine apples, Mr. Wolf. I'll throw you one."

He threw down an apple, but it rolled away down the road. The wolf ran after it.
Then the little pig jumped down from the tree. He ran all the way home and shut his door quickly.

The wolf was very angry, but he still pretended not to be.

He went to the little pig's house and knocked on the door. "Little pig," he said, "if you will be ready at four o'clock this afternoon, I will take you to the fair. We will have some fun on the swings and roundabouts."
"Very well," said the little pig.

At two o'clock the little pig set off for the fair. He had great fun, riding on the swings and roundabouts.

Then he bought himself a butter churn. It looked like a big barrel.
As little pig was going home he saw the wolf coming up the hill. Little pig was very frightened, so he jumped inside his butter churn.

The butter churn began to roll over and over, down the hill. It rolled faster and faster. It knocked the wolf down.

The wolf did not know what had knocked him down. He was so frightened that he ran away as quickly as he could.
Little pig jumped out of his butter churn and carried it home.

The next day the wolf came and knocked on the little pig's door.

He said, "Little pig, I did not go to the fair yesterday. A great, big thing came rolling down the hill and knocked me over."
"Ha-ha!" said the little pig. "That was me, inside my butter churn!"

When the wolf heard this he was very, very, very angry indeed.

He said, "Little pig, I am going to eat you up. I am going to climb down your chimney to get you."
The little pig was very frightened, but he said nothing. He put a big pot of water on the fire, to boil.

The wolf climbed on the roof. Then he began to come down the chimney.

The little pig took off the lid from the pot. Into the pot fell the wolf, with a big splash. And that was the end of the wolf.

The third little pig was too clever for him.

EI! NOVEDAD!

Quieres que tu cuento se publique en este blog?
Deja tu comentario con tu cuento escrito, o envíalo por correo electrónico a: nosage136@gmail.com, ¡y será publicado!

(Cualquier cuento que no use un vocabulario correcto, es decir sin palabras groseras, o pueda ser ofensivo NO será publicado y el e-mail o comentario será eliminado. Los leeré TODOS)

LOS MEJORES CUENTOS

Hola, he creado este blog para poner cuentos tanto tradicionales, como no tan tradicionales y poder pasar un buen rato leyendo aquellos clásicos de lo mas divertidos.
Espero que disfrutéis mucho!